La homeopatía, ¿no tiene efectos secundarios?

Desde Hablando de Homeopatía (24 abril’15)

Que “no tiene efectos secundarios” o “sin efectos secundarios” son frases que aparecen 86.400 veces en relación a la Homeopatía al buscar literalmente en Google.

Hay varios argumentos para pensar que los medicamentos homeopáticos se pueden tomar con total tranquilidad, no todos igual de válidos: Es medicina natural, los principios activos están muy diluidos, en la experiencia clínica no se observan efectos adversos, son medicamentos que actúan acmopañando al organismo y no en su contra… También la literatura científica responde a esta cuestión de los efectos secundarios, ya que hay varios artículos científicos que han analizado los efectos secundarios que los médicos, farmacéuticos e investigadores hemos declarado haber detectado cuando nuestros pacientes han utilizado homeopatía.

Aunque no se puede afirmar que los medicamentos homeopáticos no hayan producido alguna vez efectos secundarios (o puedan llegar a producirlos), sí que es verdad que los medicamentos homeopáticos son, en general, los medicamentos más seguros que uno puede encontrar en la farmacia. […]

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Respuestas a un comentario “escéptico” en HablandoDeHomeopatia

En el blog HablandodeHomeopatia se publicó recientemente una entrada interesante: Mi querido enemigo (de la homeopatía).

Un comentario a esta entrada comienza diciendo que “La homeopatía hace afirmaciones muy atrevidas que debería sustentar con pruebas”, y procede a señalar algunos estudios que, a su juicio, deslegitiman la homeopatía. Me sorprenden esas conclusiones, ya que al revisar cada uno de los estudios veo una información muy favorable.

El estudio de Linde concluye que, a pesar de que la homeopatía parece implausible a su juicio, los resultados del metanálisis son incompatibles con un efecto exclusivamente de tipo placebo (es decir, que parece haber un efecto especifico de los principios activos homeopáticos). Dicho lo cual, los autores echan de menos estudios que concluyan claramente sobre la eficacia en patologías concretas.

El siguiente estudio que menciona, de Jacobs, justamente viene a aportar luz a esa duda con un metanálisis (estudio de estudios) que concluye que, para la diarrea infantil, la suma de los efectos detectados en cada estudio confirma que la homeopatía es eficaz en la reducción de la duración de la diarrea, lo que tiene repercusiones importantes porque se reduce el tiempo de malnutrición y deshidratación de los niños (a no olvidar que los estudios se hicieron en países en vías de desarrollo, donde la diarrea infantil es un grave problema de salud pública).

El último estudio mencionado (Witt) concluye que los efectos favorables de los tratamientos homeopáticos se mantienen a los 2 y a los 8 años de haber sido tratados los pacientes, y leyendo el artículo completo se especifica que es así para el conjunto de las patologías tratadas, no porque unas pocas tiren “hacia arriba” de los resultados globales. La severidad del problema pasa de ser puntuada con un 6,2 (6’1 en niños) a un 2’7 (1’7 en niños), es decir una reducción de la severidad del 56% y 72% respectivamente. La mayoría de médicos con los que he hablado (con o sin formación en homeopatía) los considera muy buenos resultados.

A continuación duda de la consideración de medicamentos que tienen los productos homeopáticos: ¿hay que volver a recordar que lo son de acuerdo con las leyes europeas y nacionales sobre medicamentos y que deben pasar las pruebas que las agencias oficiales prevén? ¡Por supuesto, estas pruebas varían dependiendo de que se solicite o no poder hablar de una indicación concreta!

Uno de los mayores problemas, dice, es que la mayoría de estudios mide los resultados de forma subjetiva. Desconozco cómo ha escogido los estudios que ha leído, sin embargo no me cuesta nada poner ejemplos concretos de las mediciones que se hicieron en algunos estudios con favorables a la homeopatía: el número de días para alcanzar una reducción “x” de deposiciones en la diarrea, número de grados que baja la fiebre en la gripe, reducción de la cantidad de secreciones bronquiales, puntuación en estudios de polisomnografía para el insomnio, puntuación en escalas internacionalmente validadas de depresión o ansiedad (las mismas que se usan para medicamentos convencionales), y tantas otras todas ellas objetivas y objetivables. Claro que también se mide el bienestar o malestar percibido por el paciente o la cantidad de mejoría percibida por el médico, es una práctica honesta en investigación y cada vez más solicitada por las agencias de evaluación, porque a una madre le interesa que baje la fiebre del niño, y le interesa más aún que el niño esté contento y tranquilo, que coma, que juegue y que duerma. Y a los médicos nos interesa (o nos debería interesar) tanto como a las madres.

A la crítica sobre las bases de la homeopatía (las sustancias pueden producir síntomas pero también aliviarlos, y los principios activos homeopáticos tienen efectos biológicos a pesar de haber sido muy diluidos) y a la muy comentada “memoria del agua” me gusta responder aludiendo a las semejanzas con la farmacología convencional.

Que las sustancias tienen efectos paradójicos o variables según la dosis de dicha sustancia y según la sensibilidad del paciente no es en absoluto atrevido y está presente en la rutina de uso de los medicamentos convencionales (derivados de anfetaminas para reducir la hiperactividad, medicamentos que te “animan” en la depresión también te “tranquilizan” en la ansiedad (ISRS), las benzodiacepinas pueden producir “activación” en lugar de sueño en un gran porcentaje de niños, etc). La novedad de la homeopatía es aprender a aprovechar estos efectos de forma sistemática, y en efecto hay numerosos estudios que lo demuestran. Por poner un ejemplo, en algunas zonas de la India hay un problema de toxicidad permanente por el arsénico de las aguas de uso común que puede ser tratado con medicamentos homeopáticos derivados de arsénico, lo cual se ha estudiado a nivel de experimentación tanto celular como animal humana (aumento de la eliminación en orina y mejoría de los síntomas), por mencionar sólo algunos de los muchos estudios realizados y publicados en revistas biomédicas.

Que en los principios activos homeopáticos hay algo más que agua, es algo que se ha demostrado por diversos métodos y en numerosas ocasiones, con la participación de muy diferentes laboratorios y universidades independientes. Para no alargarme en esta entrada, ofrezco un enlace interesante y otro sobre un modelo que propone el modo de funcionamiento de estos medicamentos para desencadenar respuestas holísiticas o multisistémicas. Para la tranquilidad de los que necesitan modelos más “concretos”, a este modelo se suman los estudios sobre el mecanismo de acción con principios activos y células concretos, como el de los principios activos derivados de Gelsemium sobre las neuronas: por un lado se evidencia el efecto mediado por los receptores glicinérgicos de estas células y también se producen cambios en su expresión génica.

Que el agua tiene “memoria” es una expresión que resulta adecuada (intuitiva) en los medios, pero a nivel científico preferiría hablar de modificaciones reversibles de la estructura del agua, en este caso a través de la dilución y dinamización de otra sustancia (del mismo modo que para fabricar un medicamento podemos “cortar” o “doblar” una proteína con uno u otro enzima, pero los médicos no decimos que “las proteínas recuerdan el enzima” aunque hayamos retirado el enzima y las proteínas conserven los cambios producidos -hasta que provoquemos nuevos cambios-). Hay que recordar que la memoria (o modificación) se produce al combinar dilución y dinamización, pero no si sólo se produce la dilución (al menos en lo que respecta a los medicamentos homeopáticos), por eso no debe preocuparnos el efecto de las sustancias diluidas en el agua en algún momento pero sin un proceso de dilución y agitación en serie. Por otro lado, determinadas “agresiones” químicas (adición y dinamización de una alta concentración de otra sustancia) o físicas (por ejemplo las altas temperaturas, y evidentemente la evaporación) pueden deshacer estas modificaciones de modo que el agua purificada es solo eso: agua. Agua que podemos utilizar, cómo no, para fabricar nuevos medicamentos.

El autor de la crítica declara estar dispuesto a cambiar de opinión si se ofrecen pruebas y respuestas, y espero de corazón que así sea. Con frecuencia veo que los debates se alargan pidiendo innumerables nuevas pruebas y estudios con otros diseños, pero yo sí que tengo “fe” en que estos datos son suficientes para “abrir una puerta”. Como mínimo, a la posibilidad de que la homeopatía sea una terapia científicamente válida.

Miles de médicos y científicos, los que proporcionan estas pruebas y muchos otros, ya han comenzado a interesarse.

Por qué no me preocupa mucho la polémica sobre la homeopatía

Desde Hablando de Homeopatía (10 feb’15)
polemica en medios
Esta mañana una periodista me ha preguntado por qué la homeopatía tiene tantos detractores en el mundo científico y médico. Unas horas más tarde me he topado en la web con una noticia sobre un nuevo libro contra la “Big Pharma“, esa industria farmacéutica convencional que a algunos se les antoja monstruosa y manipuladora. Confieso que yo mismo he trabajado en investigación para la industria convencional, y lo que allí encontré (en el centro internacional de investigación) fue pasión por el trabajo y rigor al hacerlo. También he trabajado como médico de familia y he agradecido poder disponer de numerosos medicamentos que, pese a estar a veces rodeados de polémica, resultaron eficaces en mi práctica y a mis pacientes.
Me gustaría poder averiguar cuántas veces le pregunta un periodista a un cardiólogo o a un pediatra, sobre lo que piensa de la polémica que existe en torno a los medicamentos convencionales; o si le enfrenta al hecho de las crecientes resistencias a utilizar muchos de ellos por parte tanto de los médicos como de los pacientes. Imagino que seguirán preguntándonos sobre la “polémica científica” de la homeopatía, y que seguirán sin preguntar a otros especialistas sobre “los polémicos medicamentos convencionales“; pero quizás responderé: “Comenzaré a preocuparme cuando la polémica llegue a ser la mitad de la que rodea a la farmacología convencional, o cuando los médicos que han probado la homeopatía empiecen a cambiar estos medicamentos por los convencionales y no al revés“. […]

Los estudios de investigación en homeopatía desarticulan las críticas habituales

La investigación es la mejor herramienta para responder a las dudas que existen y a las críticas que se hacen a la homeopatía. La necesidad de dar una respuesta adecuada ha motivado la presencia de comunicaciones al respecto en la I Jornada de Estudiantes y Residentes del Congreso Nacional de Homeopatía (2014, Universidad Francisco de Vitoria), la IV Jornada de la Cátedra de Homeopatía de la Universidad de Zaragoza (2014, Zaragoza) o el IV Simposio Internacional de Medicina Integrativa en Pediatria (2015, Sociedad Colombiana de Pediatría, Bogotá).

Esta es la presentación más reciente, de la que puedes leer un resumen aqui (pdf)

¿De verdad hay pacientes que sufren porque han sustituido los fármacos convencionales por homeopatía?

Muchas veces he escuchado y leído que la homeopatía amenaza la salud de los pacientes, no por un efecto directo (para saber más, sugiero revisar mi conferencia Reacciones Adversas en homeopatía) sino por el perjuicio que para el paciente puede suponer el rechazo o abandono de opciones convencionales más eficaces. Es una de las cuestiones que Gaspar Sánchez me invita a responder y he decidido aprovechar para abordar el tema.

En primer lugar me llama la atención que el sustento habitual de esa acusación son las anécdotas publicadas en Twitter, Youtube y algunos blogs). Con un cumplimiento de solo el 40-50% para los fármacos convencionales (dependiendo de la patología y de su cronicidad, de la tolerabilidad del fármaco y de las habilidades de comunicación del médico), justificar que el abandono está ligado a la adopción de otras medidas terapéuticas me parece estadísticamente difícil (y de poco sentido común y escasa autocrítica). Más aún si tenemos en cuenta que al paciente YA se le recomiendan medidas adicionales (higiénicas, dietéticas, ejercicio, etc) que no implican el abandono del fármaco, no veo por qué la homeopatía no puede situarse en el mismo contexto. En todo caso, es lo correcto que los médicos recomendemos el abandono progresivo de los fármacos a medida que se produce una mejoría que lo justifique, y sin perjuicio de las medidas preventivas (farmacológicas o no) que sea preceptivo utilizar.

En todo caso, lo más sensato para dar una opinión informada es recurrir a la bibliografía, y el estudio más extenso lo publicó Posadzki con Ernst (conocidos detractores de la homeopatía): sólo encontraron 1159 casos en todo el mundo y desde que existen registros (33 años), siendo leves el 90% y pudiendo establecerse asociación con el medicamento sólo 27 de ellos (recordemos: para la farmacología convencional, sólo en la UE se producen 179.000 muertes anuales por medicamentos). Sólo 8 supuestos EA indirectos de la homeopatía fueron debidos a sustituciones, pero algunos corresponden a errores de identificación; como ejemplo, Dantas ya hace referencia a ello en el 2.000 respecto de un estudio (Kerr 1986), que se utiliza en el informe de Barquero (la pancreatitis de Badajoz) referido por Posadzki: es decir, se confirma que se trata de un fenómeno anecdótico.

Pero para comprobar si podemos generalizar esta asunción, otro estudio sugiere que la aceptación de la homeopatía no implica el rechazo a los fármacos convencionales. Además, estudios revisados por pares (http://goo.gl/vKHx3L, http://goo.gl/HSeo2d, http://goo.gl/KeFrKc)  y conducidos con un comité científico intachable que incluye grandes investigadores y evaluadores como el Prof. Bégaud (incluso si la financiación proviene de un laboratorio), sugieren que los médicos clasificados como homeópatas o no, todos ellos prescriben tanto medicamentos homeopáticos como convencionales aunque en distinta proporción. Y por cierto, los que prescriben más homeopatía y menos fármacos convencionales (la mitad, OR entre 0,43 y 0,54; p>0,05 en todos los casos), consiguen resultados similares o mejores pero con menos reacciones adversas (lo cual beneficia al paciente, que es lo que finalmente nos interesa).

Casi me atrevería a decir que negar al paciente un tratamiento homeopático que podría beneficiarle más que uno convencional, sí que constituye un riesgo del que deriva un problema ético para el que rechaza opciones posiblemente efectivas como la homeopatía. Como alguien podría aducir que no podemos asegurar que realmente la opción homeopática sea eficaz, me referiré a los casos para los que los medicamentos convencionales tampoco han demostrado eficacia a la luz de los ensayos clínicos: un 65%, según Clinical Evidence/BMJ (recordando que la ausencia de evidencias no quiere decir que no funcionen). Suponiendo que los resultados de todos los estudios sean creíbles, claro, pero Goldacre ya profundiza bastante en su libro “Bad Pharma” aunque a su vez ha sido criticado por algunos sesgos.

Por favor, tratemos de promover una medicina y una homeopatía acorde a las evidencias, acorde a la experiencia, acorde a los valores de los pacientes (los 3 pilares de la Medicina Basada en la Evidencia), y sobre todo acordes al sentido común.

Sobre el marco Médico-Legal de la Homeopatía en España (Sociedad Catalana de Farmacología)

Sesion ACMC-SCF-AMHB dic2014

Enlace a la Jornada

Conferencia sobre el marco médico-legal de la homeopatía en España.

Fue impartida durante la jornada celebrada en la Academia de Ciencias Medicas de Cataluña y organizada por la Sociedad Catalana de Farmacología, en colaboración con la Academia Medico Homeopática de Barcelona, el 17 de diciembre de 2014.

Vídeo de la sesión (si pide clave: GualbertoACMCB)

Doctor, ¿puede ser que la homeopatía me produzca somnolencia?

Desde Hablando de Homeopatía (28 nov’14)

Hace unas semanas escribía un post sobre la ausencia de efectos secundarios en la homeopatía, en el que aclaraba que aunque los medicamentos homeopáticos son los más seguros de la farmacia, no se pueden descartar reacciones adversas ocasionales, aunque sean leves y raras. Sin embargo, hace poco un paciente me ha comentado que sí había sentido sueño al tomar homeopatía para la ansiedad, y no es la primera vez que oigo algo parecido; entonces, ¿es posible? Ante una situación así uno debe plantearse […]

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