Excesiva medicalización, ¿un riesgo también en homeopatía?

Desde Hablando de Homeopatía (1 diciembre’15)

Un artículo de la revista SEMERGEN titulado “¿En qué momento perdimos la cabeza?” hace autocrítica en el sentido de la excesiva medicalización de los problemas de la vida (acudir al médico cuando no se requiere un tratamiento de tipo médico, sino otros tipos de apoyo) y la “farmacologización” (perdón por inventarme la palabra) de hallazgos analíticos o de síntomas, que no compensa tratar por el balance riesgo-beneficio que aportan.

Y mi pregunta es… No siendo adecuado “farmacologizar” las situaciones descritas en el artículo, ¿lo es “medicalizarlas” aunque sea a través de medicinas y no convencionales, aunque lleven aparejados menos efectos adversos? Porque quizás el primer “efecto adverso” viene del acto mismo de poner el tratamiento, y es el de confirmar esa sospecha que la persona tiene de que, de hecho, está enferma y necesita ayuda profesional.

Más que un riesgo… ¿una tentación? (Placebo Use in the United Kingdom: Results from a National Survey of Primary Care Practitioners)

Numerosas prescripciones, tanto de pruebas diagnósticas como de medicamentos y otros productos, tienen una finalidad de “complacencia”: no está claro que en la situación del paciente sean realmente necesarios, pero le aportan seguridad, una mayor percepción de estar siendo bien cuidado y por supuesto se produce el consabido “efecto placebo” que le ayuda a sentirse mejor. Una cuestión pendiente de resolver es el aspecto ético de este tipo de intervenciones, incluso si resultan beneficiosas para el paciente.

Resumiendo, es probable que algunos pacientes estén siendo tratados (también con homeopatía) pudiendo sustituir el tratamiento por otras recomendaciones que ayuden al paciente a sentir que no es un enfermo necesitado de tratamiento sino una persona que pone medios para conseguir un bienestar cada vez mayor[…]

Sutil o potente, ¿qué es mejor?

Desde Hablando de Homeopatía (15 junio’15)

He querido engañaros al proponeros elegir entre lo sutil y lo potente, porque en general lo sutil termina resultando más potente que aquello que es intenso o agresivo.

¿Que no estáis de acuerdo? Un susurro puede convencernos más que una orden en voz alta, un aroma suave nos envuelve y atrae mucho más que un olor ofensivo (todos hemos querido salir de algún que otro ascensor, ¿a que sí?), y un buen corte de jamón no puede realizarse a machetazos. Por supuesto, también el sutil efecto de la homeopatía suele ser más intenso y duradero que el del fármaco convencional.

Y es que lo intenso produce reacciones de resistencia y oposición en la mente y en el cuerpo, que restan intensidad o duración al efecto inmediato. Gracias a la homeopatía aprendí, con sorpresa, el poder enorme que tiene lo sutil; y pronto observé que esta idea podemos aplicarla a muchas facetas de la vida. En la comida, en la comunicación, en las caricias… Lo sutil alberga una enorme capacidad de influencia. No podía ser diferente en la farmacología, y la farmacología más sutil es, por supuesto, la homeopatía. […]

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¿Tengo yo la culpa de estar enfermo?

Desde Hablando de Homeopatía (9 junio’15)

¿Son mis malos hábitos, pecados, dirían algunos?; ¿las antenas de telefonía y demás ondas electromagnéticas?; ¿los compuestos químicos de los cosméticos?; ¿la mala alimentación?; ¿el estrés laboral?…

Todo el mundo busca explicación a su enfermedad, ya sea en lo que hizo (fumar) o en lo que no hizo (ejercicio). He tenido oportunidad de observar este patrón mental en circunstancias como la infertilidad, lo que conduce a las parejas a sentirse culpables y a intentar muchísimas recomendaciones de credibilidad variable, antes de asumir que con frecuencia se trata tan solo de la combinación del envejecimiento de los óvulos, que no de la persona, y una dosis de mala suerte.

Me gusta la idea de desculpabilizar al paciente por su enfermedad: Podemos poner en marcha todas las medidas necesarias y la culpa no es una de ellas ni va a mejorar los resultados de los diferentes tratamientos. […]

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En medicina y en homeopatía: publicaciones científicas… ¡y mucho más!

Me parece bien que, al hablar de medicina, hablemos de investigación. Me parecería mejor que, además, habláramos de incertidumbre, de toma compartida de decisiones con el paciente, de experiencia, de ética…

Se ha difundo la noticia de que una revisión de estudios en homeopatía muestra que, con la selección elegida de estudios considerados más relevantes (muchos no comparten los criterios escogidos), no demuestra ser lo suficientemente eficaz para tenerla en cuenta. Si eso bastara para rechazarla, habría que rechazar también la mitad de los tratamientos que se usan en la consulta rutinaria, a la vista de los resultados de las revisiones realizadas (Clinical Evidence, Cochrane). Del mismo modo, el 60% de los pediatras españoles prescribe fuera de ficha técnica, es decir sin la oportuna indicación (Piñeiro 2014), así que… ¿Reducimos los vademecum a la mitad sacando todos los medicamentos “dudosos”? ¿Tomamos medidas disciplinarias contra la mitad de los pediatras españoles?

Hay que entender que no es lo mismo “no encontrar” que “encontrar que no”, en particular cuando se sospecha que no se ha investigado lo suficiente o de la manera adecuada. Los médicos, y sobre todo los de atención primaria, tenemos la necesidad y el deber de aprender a trabajar con cierto grado de incertidumbre, apoyándonos en la experiencia y en la toma de decisiones compartida con el paciente (Prados 2006), que es lo que recomienda la renombrada Medicina Basada en la Evidencia (MBE, Sackett 1996).

Por otro lado, observo que habitualmente se contrapone el éxito de un fármaco o una estrategia terapéutica al éxito mayor o más demostrado de otro fármaco o intervención. Sin embargo, esa actitud está alejada de la práctica habitual (en medicina y en la vida) que es la de sumar estrategias independientemente del éxito relativo de cada una, cuando no entren en conflicto (lo que puede ocurrir entre dos fármacos), para conseguir efectos que se suman o, aún mejor, que sean sinérgicos (efecto total mayor que el de la suma de cada uno) para ofrecer al paciente las mayores posibilidades de curación o mejoría. Es así cuando recomendamos hábitos de higiene, nutricionales, y por supuesto terapias complementarias: Es entonces cuando hablamos de “Medicina Integrativa”.

Demostrar estas ventajas no se sitúa en el ámbito de los ensayos clínicos y las revisiones de éstos (son poco válidos en intervenciones o sistemas complejos) sino en el de los estudios observacionales y epidemiológicos, y algunos ejemplos en relación con la incorporación de la homeopatía a la práctica clínica serían, por ejemplo:

# Menor consumo de fármacos que frecuentemente presentan efectos adversos, como los Antiinflamatorios (OR 0,54; n=1153, p<0,05), Antidepresivos (RR 0,45; n=842, p<0,05), Ansiolíticos (RR 0,44; n=842, p<0,05) o Antibióticos (OR 0,43; n=655, p>0,05)

# Desbloquear pacientes con problemas “difíciles”, en los que no se consiguen mejorías o aparecen efectos adversos intolerables. Según un estudio de Sharples de 2003 (n=499) del Hospital Real de Londres para la Medicina Integrativa, estos pacientes pueden mejorar con homeopatía (81%, n=405), incluso después 5 años de cronicidad (63%), y reduciendo los medicamentos convencionales (32%, n=262) o prescindiendo (29%) de ellos. Estos resultados y su repercusión en costes han sido reproducidos en otros estudios, por ejemplo en la Toscana (Italia) donde se ha instaurado un programa público de medicina integrativa bajo la dirección del Dr. Elio Rossi.

Para quien no quiera ver o creer estos argumentos, aún hay que considerar el aspecto ético en las recomendaciones sobre las medicinas complementarias por parte de quien no las conoce o maneja. Las recomendaciones aceptadas para ayudar adecuadamente a los pacientes a tomar decisiones sobre el uso de la medicina complementaria pasan por realizar primero una revisión de seguridad. Cuando la intervención se considera segura (es el caso de los medicamentos homeopáticos), los médicos deben recomendarla cuando las evidencias lo justifiquen, recomendar su abandono cuando haya pruebas concluyentes de su ineficacia, y aceptar la decisión del paciente de utilizarla cuando no haya evidencia o no ésta no sea concluyente.

Finalmente, y apoyándome en todo lo dicho, una sugerencia que se ha puesto en boca de Albert Einstein:

“Los que dicen que es imposible, no deberían molestar a los que lo están haciendo”

 imposible haciendo_einstein

Individualizar la elección del medicamento ¡y mucho más!

Desde Hablando de Homeopatía (22 ene’15)

Asistí a un curso de pediatría homeopática en le cual el Dr. Jurj nos ofreció numerosos consejos, uno de los cuales me llamó la atención de forma especial. Fue el de acordarnos de incluir siempre en el tratamiento no sólo el medicamento individualizado para el paciente y su problema, sino también los consejos individualizados correspondientes.

La Homeopatía nos ayuda a perfilar cómo es el niño (o adulto) que responde bien a un medicamento, desde el punto de vista tanto físico como psicológico, y podemos apoyarnos en este conocimiento para ofrecer consejos más adaptados, es decir individualizados. También podemos, gracias a esta manera de entender al paciente, recomendar diferentes estrategias preventivas.

Antes aún de pensar en el tratamiento, el Dr. Jurj nos invitó a pensar en la forma de manejar a cada paciente en la consulta, teniendo en cuenta su perfil psicológico, para conseguir su colaboración y obtener la mayor cantidad (y calidad) de información. […]

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Aportación de la homeopatía en la relación médico-paciente (Rev Med Homeopatia 2014;7(1):39-45)

La homeopatía nos permite, mediante las particularidades de la entrevista con el paciente y sus fármacos, una mejor comprensión de los síntomas y signos mal definidos al enriquecer la semiología con multitud de síntomas, signos y modalidades (variaciones individuales de estos síntomas) que nos facilitan tratar no solo la enfermedad entendida como conjunto de síntomas, sino la forma particular de manifestarse en cada individuo.

La práctica de una medicina basada en el enfermo, descentrada de la prescripción como acto principal de la relación médico-paciente, centrada en cambio en el conocimiento del mundo físico, psíquico y emocional de este, permite al médico que se especializa en homeopatía romper el binomio síntoma-receta y utilizar su mejor recurso. Pero, sobre todo, nos ayuda a conseguir lo que más deseamos, un ejercicio profesional que nos aporte satisfacción personal.

Aportacion de la homeopatia en la relacion medico-paciente