¿De verdad hay pacientes que sufren porque han sustituido los fármacos convencionales por homeopatía?

Muchas veces he escuchado y leído que la homeopatía amenaza la salud de los pacientes, no por un efecto directo (para saber más, sugiero revisar mi conferencia Reacciones Adversas en homeopatía) sino por el perjuicio que para el paciente puede suponer el rechazo o abandono de opciones convencionales más eficaces. Es una de las cuestiones que Gaspar Sánchez me invita a responder y he decidido aprovechar para abordar el tema.

En primer lugar me llama la atención que el sustento habitual de esa acusación son las anécdotas publicadas en Twitter, Youtube y algunos blogs). Con un cumplimiento de solo el 40-50% para los fármacos convencionales (dependiendo de la patología y de su cronicidad, de la tolerabilidad del fármaco y de las habilidades de comunicación del médico), justificar que el abandono está ligado a la adopción de otras medidas terapéuticas me parece estadísticamente difícil (y de poco sentido común y escasa autocrítica). Más aún si tenemos en cuenta que al paciente YA se le recomiendan medidas adicionales (higiénicas, dietéticas, ejercicio, etc) que no implican el abandono del fármaco, no veo por qué la homeopatía no puede situarse en el mismo contexto. En todo caso, es lo correcto que los médicos recomendemos el abandono progresivo de los fármacos a medida que se produce una mejoría que lo justifique, y sin perjuicio de las medidas preventivas (farmacológicas o no) que sea preceptivo utilizar.

En todo caso, lo más sensato para dar una opinión informada es recurrir a la bibliografía, y el estudio más extenso lo publicó Posadzki con Ernst (conocidos detractores de la homeopatía): sólo encontraron 1159 casos en todo el mundo y desde que existen registros (33 años), siendo leves el 90% y pudiendo establecerse asociación con el medicamento sólo 27 de ellos (recordemos: para la farmacología convencional, sólo en la UE se producen 179.000 muertes anuales por medicamentos). Sólo 8 supuestos EA indirectos de la homeopatía fueron debidos a sustituciones, pero algunos corresponden a errores de identificación; como ejemplo, Dantas ya hace referencia a ello en el 2.000 respecto de un estudio (Kerr 1986), que se utiliza en el informe de Barquero (la pancreatitis de Badajoz) referido por Posadzki: es decir, se confirma que se trata de un fenómeno anecdótico.

Pero para comprobar si podemos generalizar esta asunción, otro estudio sugiere que la aceptación de la homeopatía no implica el rechazo a los fármacos convencionales. Además, estudios revisados por pares (http://goo.gl/vKHx3L, http://goo.gl/HSeo2d, http://goo.gl/KeFrKc)  y conducidos con un comité científico intachable que incluye grandes investigadores y evaluadores como el Prof. Bégaud (incluso si la financiación proviene de un laboratorio), sugieren que los médicos clasificados como homeópatas o no, todos ellos prescriben tanto medicamentos homeopáticos como convencionales aunque en distinta proporción. Y por cierto, los que prescriben más homeopatía y menos fármacos convencionales (la mitad, OR entre 0,43 y 0,54; p>0,05 en todos los casos), consiguen resultados similares o mejores pero con menos reacciones adversas (lo cual beneficia al paciente, que es lo que finalmente nos interesa).

Casi me atrevería a decir que negar al paciente un tratamiento homeopático que podría beneficiarle más que uno convencional, sí que constituye un riesgo del que deriva un problema ético para el que rechaza opciones posiblemente efectivas como la homeopatía. Como alguien podría aducir que no podemos asegurar que realmente la opción homeopática sea eficaz, me referiré a los casos para los que los medicamentos convencionales tampoco han demostrado eficacia a la luz de los ensayos clínicos: un 65%, según Clinical Evidence/BMJ (recordando que la ausencia de evidencias no quiere decir que no funcionen). Suponiendo que los resultados de todos los estudios sean creíbles, claro, pero Goldacre ya profundiza bastante en su libro “Bad Pharma” aunque a su vez ha sido criticado por algunos sesgos.

Por favor, tratemos de promover una medicina y una homeopatía acorde a las evidencias, acorde a la experiencia, acorde a los valores de los pacientes (los 3 pilares de la Medicina Basada en la Evidencia), y sobre todo acordes al sentido común.

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